Nuestra señora de la Soledad, venerada en la Iglesia Católica

Conocida como hacedora de milagros desde hace varios siglos atrás

Cada 18 de diciembre es conocido por la religión católica por ser el día de Nuestra de Señora de la Soledad, especialmente conocida en México debido a que es la patrona de la ciudad mexicana Oaxaca y que es reconocida por haber hecho su primer milagro hace más de 400 años. En 1620 se mostró la imagen de Soledad en este lugar dado a que se encontraba lleno de problemas por el paganismo, que luego de esto se extinguió lo cual conllevo a que se creará una devoción por la Virgen. Por otro lado, la Virgen de la Soledad es una advocación más de la Virgen María entre muchas otras que existen.

Esta Advocación de la Virgen hace relación a la soledad que sintió la Virgen María madre de Jesús cuando él fue crucificado, donde esto la hizo sentir llena de soledad y tristeza. Se dice que la forma en la que ella realizó su aparición fue completamente diferente a las demás debido a que por lo general en sus apariciones ella siempre se presentan con luz brillante en forma de personas como lo hizo la Virgen de la Medalla Milagrosa, donde hablan y transmiten mensajes que deben ser llevados a la humanidad en busca de la salvación, pero a diferencia de las demás la Virgen de la Soledad llega de manera sorpresiva en una caja transportada por una mula que muere, y en el interior de la caja encuentran la cara y las manos de ella.

Puedes rezar esta oración para pedirle a Nuestra Señora de la Soledad:

Dignísima Madre de Dios, que estando en pie junto a la Cruz de Jesús, tu Hijo, lo viste lleno de pena, de dolor, agonizar y morir, quedando sola y desamparada, sin más alivio que amarguras, y sin más compañía que tormentos.

Mi alma quiere participar, oh dolorida Virgen, en tus penas y aflicciones, para que te acompañe toda mi vida en el justo sentimiento de la muerte de tu querido Hijo.

Permíteme, oh solitaria Madre, que te asista continuamente en tan amarga Soledad, sintiendo lo que sientes y llorando lo que lloras.

Infunde en mi pecho, oh Madre del verdadero amor, una encendida caridad para amar a tu Divino Hijo, que por mi amor murió crucificado y concédeme el favor que pido en esta oración, para gloria de Dios, honra tuya y provecho de mi alma. Amén”